El Consumo del Aspartame en Relación con el Riesgo de Tumor Cerebral en la Niñez: Resultados de un Estudio de Caso Bajo Control

James G. Gurney, Janice M.Pogoda, Elizabeth A. Holly, Stephen S. Hecht, Susan Preston-Martin*

Las tasas de incidencia del cáncer del cerebro han estado aumentando en los Estados Unidos, tanto en adultos (1) como en niños(2). La posibilidad de que el aspartame, un edulcorante artificial ampliamente ingerido, pueda ser una causa del cáncer del cerebro en humanos fue sugerida en un reporte reciente de Olney y otros.(3). A partir de un análisis descriptivo de datos nacionales acerca del cáncer, se observó un crecimiento en las tasas de cáncer del cerebro en los Estados Unidos, lo cual coincidía con la introducción del aspartame en los productos alimenticios en los primeros años de los 1980.

Como parte de un estudio a nivel de la población de casos bajo control relacionados con los factores de riesgo ambientales y nutricionales para un tumor cerebral pediátrico, hemos recolectado datos acerca del consumo del aspartame antes de la fecha de diagnóstico para los pacientes del caso (o una fecha que sirve de referencia comparable para los sujetos del control). Estos datos fueron proporcionados en entrevistas personales por las madres biológicas de los niños sometidos al estudio. La metodología para el estudio ha sido publicada antes (4). En resumen, los pacientes del caso tenían a lo sumo 19 años de edad y fueron diagnosticados con un tumor cerebral primario entre los años 1984 y 1991 en 19 condados de la Costa Oeste de los Estados Unidos. Los sujetos del control realizado fueron reclutados usando muestras digitales aleatorias y fueron comparados - de acuerdo con elementos variables clasificados según frecuencias - por edad en la fecha del diagnóstico, año de nacimiento, sexo y sitio del estudio. Presentamos los datos acerca del consumo de aspartame entre los subconjuntos de los participantes de las ciudades de Los Angeles y San Francisco, donde las preguntas sobre el consumo del aspartame fueron añadidas al cuestionario original a mediados de las entrevistas realizadas. Nuestro análisis de la exposición de los muchachos fue realizado con 56 casos de pacientes y 94 sujetos de control que habían nacido en 1981 o con posterioridad a ese año - para corresponder con la aprobación del aspartame otorgada por la (FDA) U. S. Food and Drug Administration (Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos). Evaluamos el riesgo de contraer un tumor cerebral en relación con el consumo de aspartame por la madre durante el período del embarazo y de lactancia para 49 pacientes del caso y 90 sujetos de control que permanecían en el útero materno en 1981 o ulteriormente. Calculamos las tasas impares (Ors) e intervalos de confianza del 95%, y ajustamos para las variables respecto a las cuales se comparaban las frecuencias con el uso de una regresión logística incondicional. Los ajustes adicionales realizados para factores de riesgo conocido o sospechado (uso de vitaminas por la madre, consumo de carne curada, exposición pasiva al humo del cigarro, exposición a rayos X, heridas en la cabeza, e historia familiar con cáncer del cerebro) no cambiaron nuestros resultados.

No era más probable que los niños del caso consumiesen en comparación más que los niños del control en cuanto a alimentos conteniendo aspartame, ya sea de todas las fuentes combinadas de aspartame (O.R. = 1.1) o proveniente de los refrescos de dieta (OR = 0.9) (Tabla 1). No había indicación de una relación de respuesta a la dosis en la base a edad al ocurrir el primer consumo, cantidad de años de consumo, o frecuencia de consumo. No hemos observado riesgo elevado de tumor cerebral para un niño que se haya producido por el consumo de aspartame por la madre durante el embarazo, ni tampoco encontramos riesgos elevados durante ningún trimestre del embarazo ni durante la lactancia (Tabla 2). Además no encontramos evidencia de asociación alguna entre el aspartame y el tumor cerebral cuando el análisis se estratificó por subgrupos histológicos (astroglial, neuroectodermal primitivo, y demás). Estos descubrimientos no coinciden con ninguna demostración de una relación del aspartame con cáncer cerebral aunque el tamaño de la muestra estudiada era pequeño y los intervalos de confianza de nuestros estimados de riesgo eran relativamente amplios. Recordemos que el sesgo era improbable que afectara estos resultados, o bien nosotros esperaríamos ver elevaciones en el riesgo; sin embargo, es concebible que la exposición a una clasificación errónea, que fue distribuida aleatoriamente entre los pacientes del caso y los sujetos de control, podría haber enmascarado un efecto verdadero, siempre y cuando el efecto verdadero fuera débil.

No conocemos de otros estudios epidemiológicos que hayan evaluado el riesgo de cáncer del cerebro que se produzca a partir del consumo de aspartame. Han habido numerosos estudios (5 - 8) relacionados con los efectos neurotóxicos potenciales del aspartame. Sin embargo, pocos reportes experimentales o bioquímicos relacionados con el carácter carcinógeno del aspartame aparecen en la literatura científica existente. Antes de la aprobación del aspartame para el consumo humano, la FDA y una junta pública de encuestas designada por la FDA examinó varios estudios para determinar si el aspartame podía inducir neoplasmas en el cerebro de ratones o ratas. Los estudios con los ratones fueron negativos, pero la interpretación de dos de los tres estudios de ratas diferían inicialmente entre la FDA y su junta pública de encuestas. Estas diferencias fueron resueltas y el comisionado de la FDA concluyó que el aspartame no contribuía a la formación de tumores cerebrales en las ratas (7 - 10). Un estudio subsiguiente de ratas también encontró que no había asociación entre el aspartame y la ocurrencia de tumores cerebrales (11). Por cuanto algunos constituyentes dietéticos pueden ser nitrificados en el estómago para formar compuestos nitrosos potencialmente carcinogénicos (12), Shephard y otros. (13) evaluaron la actividad mutagénica del aspartame después de la nitrificación. Ellos observaron solamente un débil efecto mutagénico de aspartame nitrificado a concentraciones considerablemente más altas que los niveles de ingestión normal de los seres humanos. Sobre la base de la quinética de la nitrificación de intermediarios mutagénicos, Shephard y otros concluyeron que el grupo amino terminal del aspartame, y no la función amida, estaba primariamente nitrificada. Sería la nitrificación de la función amida, y no el grupo terminal amino, la que pudiera producir un carcinógeno potencial en el cerebro, basado en la habilidad de la nitrosureas correlacionadas para inducir tumores cerebrales en animales de laboratorio (14). Por lo tanto, nuestro examen reveló poca evidencia biológica o experimental de que sea probable que el aspartame obre como un carcinógeno del cerebro humano.

Journal of the National Cancer Institute (Revista del Instituto Nacional del Cáncer), Vol. 89, No. 14, 16, de Julio, 1997

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